La decisión establece que la participación en competiciones femeninas quedará restringida exclusivamente a mujeres biológicas, criterio que será verificado mediante una prueba genética obligatoria que deberá realizarse una única vez a lo largo de la carrera deportiva de cada atleta. Según el COI, esta normativa busca “proteger la equidad, la seguridad y la integridad en la categoría femenina”.
El organismo olímpico ha precisado que la medida no tendrá carácter retroactivo ni afectará a programas deportivos de base o recreativos, en línea con los principios de la Carta Olímpica, que reconoce el acceso al deporte como un derecho humano. Asimismo, se desconoce cuántas atletas transgénero compiten actualmente en el ámbito olímpico; en los recientes Juegos Olímpicos de París 2024 no participó ninguna deportista trans, mientras que la halterista Laurel Hubbard compitió previamente en Juegos Olímpicos de Tokio 2021 sin alcanzar medalla.
La nueva regulación también introduce restricciones para algunas atletas con diferencias en el desarrollo sexual (DSD), como la bicampeona olímpica Caster Semenya, en un intento del COI por unificar criterios que hasta ahora quedaban en manos de las federaciones internacionales de cada disciplina.
La presidenta del COI, Kirsty Coventry, ha defendido la necesidad de una normativa clara y uniforme. “En los Juegos Olímpicos, incluso los márgenes más pequeños pueden marcar la diferencia entre la victoria y la derrota. Por lo tanto, es absolutamente claro que no sería justo que hombres biológicos compitieran en la categoría femenina”, ha afirmado tras la reunión de la junta ejecutiva.
La reforma responde también a un contexto internacional marcado por el endurecimiento del debate sobre la participación de atletas transgénero en el deporte femenino, incluyendo medidas adoptadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que han influido en la definición de nuevas políticas deportivas a nivel global.
