En Gabón, la Ley núm. 10/2016, establece un marco de protección para los trabajadores, asegurando que nadie sufra acoso en el ámbito laboral y prevé en este sentido sanciones o despedido. Pues, se trata de un principio crucial, aunque la realidad en muchas empresas muestra que aún persisten temores entre los empleados a la hora de denunciar.
El Código Penal del Gabón, en su artículo 291-1, tipifica el acoso laboral y establece penas que pueden llegar hasta dos años de prisión y multas significativas. A pesar de estas disposiciones, muchos trabajadores sienten que hablar sobre sus experiencias puede resultar en represalias.
Las historias de quienes han sufrido acoso en el trabajo son conmovedoras y reveladoras. «Temía que alzar la voz me costara mi empleo», relata una víctima en el anonimato. «El estrés era abrumador y afectó mi salud de manera grave», agrega. Este temor a las repercusiones es un obstáculo significativo para abordar el problema de manera efectiva.
Los efectos del acoso laboral son devastadores. Desde problemas de salud mental como la depresión y el estrés, hasta un aumento de absentismo y una notable disminución del rendimiento. Las empresas, por su parte, enfrentan un deterioro de su ambiente laboral, lo que repercute en su reputación y productividad. Expertos en recursos humanos advierten que el costo de un empleado acosado puede ser mucho mayor que el de implementar políticas de prevención adecuadas. Sin embargo, muchas organizaciones en Gabón todavía carecen de estrategias claras para combatir esta problemática.
Particularmente, es más preocupante la situación de las mujeres jóvenes, quienes, al buscar su primer empleo o realizar pasantías, son frecuentemente víctimas de acoso sexual. La práctica de intercambiar favores sexuales por oportunidades laborales es un fenómeno que socava la dignidad y la igualdad de oportunidades en el país.
Una cultura empresarial que prioriza la jerarquía y el respeto ciego puede contribuir a la perpetuación del acoso. La presión psicológica para humillar o sobrecargar a los empleados a menudo se justifica como un «rigor profesional», lo que crea un entorno tóxico.
El acoso laboral es un problema que trasciende lo individual; es un desafío social que requiere un esfuerzo conjunto. Los empleadores, empleados e instituciones públicas deben colaborar para fomentar un ambiente de trabajo seguro y respetuoso. «El primer paso es escuchar a la víctima con total confidencialidad», afirma Ogoula, psicóloga corporativa. Ella enfatiza la importancia de evaluar la situación, ofrecer apoyo y asesorar a las empresas sobre cómo prevenir el acoso. Además, es crucial alentar a las víctimas a buscar justicia a través de los canales legales correspondientes. La aplicación rigurosa de las leyes existentes es esencial para disuadir a los perpetradores.
El acoso en el trabajo no solo representa un dilema ético en las administraciones gabonesas, sino que también supone un obstáculo para la productividad de las sociedades mercantiles.
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