Según la Oficina de Análisis Económico, el PIB cayó un 0,1% trimestral, lo que equivale a un 0,3% en términos anualizados. Este descenso marca la primera contracción desde principios de 2022, tras un crecimiento del 2,4% en el último trimestre de 2024. Trump ha implementado una política de aranceles que, en lugar de reducir el déficit comercial, lo ha elevado a niveles récord. En los primeros tres meses del año, el desfase comercial alcanzó los 464.475 millones de dólares, un dato sin precedentes que ha afectado negativamente al PIB. Las importaciones crecieron a una tasa trimestral anualizada del 50,9%, lo que ha sido un factor determinante en la contracción económica.
Las expectativas de inflación han aumentado, lo que ha deteriorado la confianza de los consumidores, quienes son fundamentales para el crecimiento económico. La tasa de crecimiento del gasto de los consumidores ha caído del 4% al 1,8% en el primer trimestre de este año. Numerosas empresas han señalado que no cumplirán con sus previsiones de ventas y beneficios, lo que refleja un clima de incertidumbre macroeconómica. Sectores como el de las aerolíneas han notado una disminución en las reservas de viajes de ocio.
A pesar de los datos que evidencian el impacto de sus decisiones, Trump ha intentado desvincularse de la situación económica actual, señalando que los problemas son consecuencia de la administración anterior. En sus declaraciones, ha minimizado el efecto de los aranceles y ha prometido un futuro económico brillante, pidiendo paciencia a los ciudadanos.
Las políticas de Trump han complicado la labor de la Reserva Federal, que busca equilibrar el pleno empleo y la estabilidad de precios. Jerome Powell, Presidente de la Reserva, ha indicado que la economía se está alejando de estos objetivos y que necesita más claridad antes de considerar recortes en las tasas de interés.
La contracción del PIB en EE. UU. refleja las consecuencias de una política económica volátil y de una guerra comercial que ha desestabilizado tanto el comercio internacional como la confianza de los consumidores. La situación actual plantea desafíos significativos no solo para la economía estadounidense, sino también para las decisiones futuras de política monetaria.
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