Habitualmente, la familia del difunto busca despojar a la viuda e hijos huérfanos del hogar, simplemente para quedarse con la herencia. Este mal trato que reciben las viudas en el país parece estar profundamente arraigado y/o normalizado en algunas familias. A menudo, tras el fallecimiento del esposo, la familia del hombre se presenta con la intención de reclamar los bienes que, según ellos, les pertenecen. Además, no solo se ciñen en las propiedades materiales, sino que también reclaman el derecho a la custodia de los hijos.
Las viudas, en su mayoría, se encuentran desprotegidas. A menudo, vemos a través de los informativos cómo órganos como la Cámara de Diputados, especialmente su Comisión de Quejas y Peticiones, media los litigios relacionados con las viudas, después de que las mismas hayan denunciado haber sido echadas de la casa matrimonial. El caso más reciente es el de Beatriz Ladesma Matala; una viuda que acudió ante los diputados para solicitar su mediación en la anulación de la sentencia que su cuñada (hermana de su difunto marido), tenía a su favor. Este documento judicial la reconocía a ella como usufructuaria y administradora de los bienes de su hermano difunto, después de que ella alegara que el hombre no estaba casado. A raíz de ese recurso, INSESO exigió que la demandante aportara la documentación que la acredita como viuda del difunto.
Después de que Beatriz presentara las pruebas, la Cámara de Diputados, ordenó que se impugnara la sentencia resultante del recurso interpuesto por la hermana del fallecido, y que se reconociera a la viuda y su hijo sus derechos a la pensión por viudedad y orfandad.
Casos como el de Beatriz suceden todos los días en nuestra sociedad. Algunas logran que se les reconozcan sus derechos como viudas y otras, desgraciadamente se ven en la calle. A continuación relatamos historias de 3 mujeres que se han visto en una situación similar a la de la señora Ladesma Matala. Los nombres que hemos utilizado son ficticios para proteger la identidad de nuestras fuentes.
Ana, una viuda de 35 años, comparte su desgarradora experiencia relatando que, tras la muerte de su esposo, su suegra y cuñados llegaron a su casa con la intención de echarla a la calle. «Me dijeron que no tenía derecho a nada, que mis hijos no eran sus verdaderos herederos», dice Ana con lágrimas en los ojos.
En cuanto a Purificación, cuando falleció su marido, comenta que «al principio las cosas iban aparentemente bien, todo el mundo me hacía promesas. Yo me vi sola con 6 hijos». Pero la situación comienza a torcerse cuando llega uno de sus hijos que estudiaba en el extranjero. «Cuando llegó mi hijo, le dijo su tío, que ya que él ya estaba aquí en Malabo, que haga seguimiento del expediente que él fue a depositar en el juzgado. Ya que, por razones de trabajo él se encuentra fuera del país. Al llegar mi hijo en el juzgado, no encontró los documentos, a pesar de que a mi cuñado le dieron el recibo con un registro de entrada», explica.
Según Purificación, cuando su hijo informó a su tío del caso, éste le mandó a encontrar a otro de sus tíos, y éste en vez de explicarles bien la situación sobre el expediente, se puso a insultarles y decirles que deberían estar más agradecidos, porque cuando murió su marido él era el único que estaba ahí. «A partir de este día, 3 de los hermanos de mi marido me enseñaron su verdadera cara. Hasta la hermanita de mi marido le dijo a mi hijo que ¿quién era él para llevar las cosas de su padre. Desde 2018 mis hijos y yo no tenemos ningún tipo de relación con 4 de los hermanos de mi marido», relata Purificación.
Por suerte y con el apoyo de otro de sus cuñados con el que siguen contando, Purificación y sus seis hijos lograron que un juez reconociera a sus hijos como herederos universales y a ella como usufructuaria de los bienes de su marido.
Carmen, esta viuda joven de tan solo 32 años y con cuatro hijos, nos ha contado que hace dos años que perdió a su marido y la familia de éste la quiso sacar de su casa. «No tuvieron compasión de que todos mis niños aún son pequeños. Fue gracias a mi familia la que se fue al juzgado a denunciar el caso y el juez decidió que ella y sus hijos tenían derecho a quedarse en su casa. «A pesar de la sentencia, siguen viniendo aquí [a mi casa] a molestarme; he tenido que cambiar todas las cerraduras y he comprado un perro para que nos defiendan. El hermano mayor de mi marido me ha llegado a decir que saldré de esta casa a las buenas o las malas. Le he denunciado ante las autoridades, porque esto es una amenaza clara». Afirma.
Consultando el tema con el jurista Daniel Mesaka Roku, éste explica que, aunque la ley generalmente se refiere a los viudos, en este caso, se ha centrado en las viudas, quienes enfrentan particularidades en el proceso de sucesión. Mesaka Roku destaca el Artículo 806 del Código Civil vigente, el cual trata sobre la legítima; una parte de la herencia que solo puede ser asignada a los herederos por socios. En situaciones donde el causante, como un padre fallecido, no deja una herencia explícita, se opta a un procedimiento abintestato (sucesión que se produce cuando no hay testamento o es nulo). El jurista subraya que, al repartir la herencia, hay una porción que permanece intacta: la legítima, destinada a los hijos y descendientes, así como a los padres y ascendientes en ausencia de los primeros.
El jurista también hace hincapié en que la viuda hereda, pero en última instancia. Su derecho se limita al usufructo de los bienes, lo que significa que puede usarlos y disfrutarlos, pero no tiene la facultad de enajenar o disponer de ellos. «La viuda puede disfrutar de los bienes hasta que esté en vida, pero no puede venderlos», explica Mesaka Roku.
Asimismo, Mesaka Roku menciona el Artículo 753, que establece limitaciones para la validez de los testamentos. Sin embargo, aclaró que las disposiciones hechas a favor de un cónyuge, ya sea hombre o mujer, son válidas. Esto implica que el cónyuge sobreviviente tiene derechos sobre las disposiciones testamentarias del causante.
El maltrato a las viudas no solo afecta a las mujeres, sino que tiene repercusiones en toda la sociedad. Los hijos huérfanos quedan en una situación de desamparo, sin el apoyo emocional y económico que necesitan para crecer. La falta de protección legal para las viudas perpetúa un ciclo de pobreza y desigualdad, donde las mujeres son constantemente despojadas de sus derechos.
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