Los Obispos de Guinea Ecuatorial anuncian la visita del Papa León XIV: «Es un tiempo de gracia para todo el país»

Cuarenta y cuatro años después de que Juan Pablo II besara su suelo y devolviera la esperanza a un pueblo devastado, Guinea Ecuatorial se prepara para recibir en abril a otro Sumo Pontífice. El Papa León XIV visitará el país en el marco del 170 aniversario de la evangelización, en lo que la Conferencia Episcopal califica como un momento de gracia irrepetible para una nación que, según los obispos, atraviesa una profunda crisis de fe.

En el documento, firmado por todos los obispos del país, la jerarquía católica subraya que este acontecimiento no debe entenderse como una simple conmemoración histórica, sino como un momento de renovación espiritual profunda. «Un tiempo de gracia, un Kairós, en el que el Señor invita a su pueblo a releer su historia, a renovar su fe y a abrirse con esperanza hacia el futuro», señalan, adoptando como lema de la visita la frase: Cristo, luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza.

El mensaje episcopal recupera la memoria de la única visita papal previa que ha recibido Guinea Ecuatorial: la de San Juan Pablo II en 1982, calificada por el pueblo ecuatoguineano como la «visita milagro». En aquel momento, el país emergía de uno de los períodos más oscuros de su historia reciente, marcado por una severa persecución religiosa y política. El gesto del Pontífice polaco al besar el suelo a su llegada, acompañado de las palabras «¡Guinea Ecuatorial, levántate!», quedó grabado en la memoria colectiva de la nación como un acto de devolución de la dignidad a todo un pueblo.

Cuarenta y cuatro años después, los obispos advierten que aquel impulso espiritual se ha ido debilitando con el paso del tiempo, erosionado por la secularización, el materialismo y el relativismo. En el documento describen con crudeza la situación actual de la fe en el país: la tibieza religiosa, el sincretismo, la proliferación de nuevas iglesias que generan confusión en las familias, la práctica de la corrupción, la escasez de vocaciones sacerdotales y el alejamiento de los jóvenes de la comunidad cristiana son algunas de las realidades que la Conferencia Episcopal señala.

El itinerario del Santo Padre contempla tres paradas en el país, cada una cargada de un significado específico. En Malabo, el Papa pondrá el foco en la educación y la formación integral de la persona como forma concreta de evangelización. En la Basílica de Mongomo, la celebración girará en torno a la gratitud hacia los misioneros, catequistas y familias que transmitieron la fe a lo largo de generaciones. Y en Bata, la atención se dirigirá especialmente a la juventud y a la familia, a quienes los obispos identifican como «pilares fundamentales de la Iglesia y de la sociedad».

Más allá del protocolo institucional, la Conferencia Episcopal lanza un llamamiento a la conversión personal y a la reconciliación comunitaria. Los obispos instan a los fieles a prepararse interiormente a través de la oración, el arrepentimiento sincero y la voluntad de restaurar los vínculos rotos entre personas y familias. «¿Serán mejores nuestras relaciones después de la visita apostólica del Papa León XIV?», preguntan los prelados, dejando en el aire un interrogante que trasciende lo puramente religioso para interpelar a la sociedad ecuatoguineana en su conjunto.

La visita del Papa León XIV se perfila así como el acontecimiento espiritual y social más relevante que vivirá Guinea Ecuatorial en lo que va de siglo, con una Iglesia que aspira a que el paso del Sucesor de Pedro por sus tierras sea no solo un hito histórico, sino el punto de partida de una renovación profunda y duradera.

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