Cada amanecer, miles de ecuatoguineanos salen a las calles con un mismo objetivo: conseguir los ingresos necesarios para llevar alimentos a sus hogares y hacer frente a los gastos cotidianos de sus familias.
En una sociedad donde las necesidades económicas son constantes: desde la alimentación y el alquiler de la vivienda hasta el pago de la electricidad, los canales de televisión, la educación de los hijos y otros gastos familiares, muchas personas han encontrado en la economía informal una alternativa para generar ingresos ante las dificultades para acceder a un empleo estable.
Desde la venta ambulante de alimentos, refrescos y hortalizas hasta la reparación de calzado, la comercialización de utensilios de cocina desde carretillas en las calles o la venta de productos congelados en los barrios, estas actividades forman parte de la vida cotidiana de numerosos ciudadanos. Para quienes las realizan, no se trata únicamente de una actividad comercial, sino, en muchos casos, de su principal fuente de ingresos.
Con una carretilla cargada de escobas, cucharones, utensilios de cocina, pequeños artículos domésticos y otros productos, algunos vendedores recorren diferentes barrios y calles en busca de clientes. De las ventas que consiguen durante cada jornada depende, en buena medida, su capacidad para hacer frente a los gastos del día a día.
«No tengo un trabajo estable. Empecé con pocos productos y, poco a poco, fui aumentando la mercancía. Con mi carretilla recorro los barrios vendiendo utensilios de cocina. Hay días que vendo y otros que no, pero de esto saco para comer y ayudar en casa», explica uno de estos vendedores.
A diferencia de un empleo formal, en estas actividades no existe un salario garantizado al final del mes. Los ingresos dependen directamente de las ventas de cada jornada, lo que convierte el día a día en una constante búsqueda de clientes y oportunidades de negocio.
Una actividad que se extiende por los barrios
La venta ambulante de productos congelados y de otros alimentos es otra de las actividades habituales dentro de la economía informal. Algunos comerciantes, principalmente jóvenes, adquieren productos congelados y otros alimentos en cantidades para después venderlos por pequeñas unidades en los barrios.
Son ellos quienes se desplazan de un lugar a otro con sus productos, aprovechando la demanda de personas que prefieren adquirir pequeñas cantidades en lugar de comprar una caja completa.
«Compro cajas de productos congelados y después los vendo en pequeñas cantidades. Voy de barrio en barrio porque no todo el mundo puede comprar una caja completa. No tengo un empleo fijo y esta es la manera que encontré para mantenerme. Prefiero trabajar y buscarme la vida honradamente», señala otro comerciante.
De esta manera, la economía informal se ha convertido para muchas personas en una vía para obtener ingresos y afrontar las necesidades básicas de sus hogares. Sin embargo, vivir de este tipo de actividades tampoco significa tener una vida fácil.
Detrás de cada carretilla y de cada vendedor ambulante hay largas jornadas de trabajo, ingresos inestables y una preocupación constante por cuánto se podrá obtener al final del día. La ausencia de un salario fijo y la dependencia directa de las ventas hacen que quienes se dedican a estas actividades tengan que asumir diariamente la incertidumbre sobre sus ingresos.
Una alternativa, pero también un desafío financiero
Desde una perspectiva de finanzas personales, la economía informal puede representar una alternativa válida para generar ingresos cuando el acceso a un empleo estable es limitado. Sin embargo, un estudiante de Economía de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial, apasionado de las finanzas personales, recomienda a quienes dependen de estas actividades diferenciar entre el dinero destinado a reponer la mercancía y el beneficio real obtenido de las ventas.
Su recomendación fundamental sería llevar un registro sencillo de ingresos y gastos, reservar una parte de las ganancias para reinvertir en el negocio y, siempre que sea posible, crear un pequeño fondo para afrontar los días de menores ventas. Señala que también sería conveniente avanzar progresivamente hacia una mayor organización y formalización de la actividad, en la medida en que las condiciones económicas y legales lo permitan.
La clave, desde el punto de vista financiero, no está únicamente en vender más, sino en conseguir que la actividad genere un margen suficiente y sostenible para el comerciante y su familia.
Ante la realidad expuesta, la economía informal se posiciona así como una especie de salvavidas para muchos ciudadanos que, ante la falta de un empleo estable, encuentran en la venta ambulante y en pequeños negocios una manera de obtener ingresos, sostener sus hogares y buscarse la vida de forma honrada.
