Él conoce la discapacidad desde su propia experiencia y desde hace años trabaja para mejorar la vida de otras personas. Nació con una enfermedad congénita que le provocó ceguera y permaneció sin visión durante más de ocho años, hasta que una primera intervención quirúrgica le permitió recuperar parcialmente la visión del ojo derecho. A partir de entonces comenzó a intentar estudiar, aunque seguía teniendo importantes dificultades para ver, especialmente de lejos, lo que le impedía hacerlo con normalidad. Su acercamiento a la ONCIGE se produjo en 2009, después de recibir unas lentes que le facilitaron el estudio y conocer, a través del presidente de la organización, el proyecto que se desarrollaba allí. Comenzó asistiendo de manera ocasional y, en 2015, pasó a formar parte de su equipo. Su experiencia personal le llevó posteriormente a formarse en materia de discapacidad, participar en iniciativas de sensibilización y asumir responsabilidades en organizaciones de ámbito internacional. Entre 2019 y 2024 fue primer vicepresidente del African Committee of Youth with Visual Disability de la African Union of the Blind.
En esta entrevista, habla de las dificultades que todavía afrontan las personas con discapacidad, de la necesidad de avanzar hacia un modelo social de inclusión y del proyecto “Tengo un sueño”, con el que pretende compartir conocimientos y contribuir a cambiar la percepción de la discapacidad en Guinea Ecuatorial.
– Usted conoce la discapacidad desde su propia experiencia y, además, lleva años trabajando para mejorar la vida de otras personas. ¿Qué le ha enseñado su propia historia que difícilmente podría haber aprendido de otra manera?
Respuesta: Bueno, mi propia historia me ha enseñado que muchas veces no hay que juzgar a las personas por lo que uno ve en la superficie. Hay que intentar conocerlas mejor y, sobre todo, conocer las circunstancias de cada persona.
Muchas veces alguien puede verme por la calle y no saber que tengo baja visión. Hay discapacidades que son visibles a simple vista y otras que no lo son. Y en ocasiones ocurre que una persona te trata de una determinada manera no porque sea mala, sino porque desconoce cómo relacionarse con alguien con discapacidad.
En mi caso, por ejemplo, tengo baja visión. Hay cosas que no puedo hacer de la misma manera que una persona que tiene una visión normal. Mi teléfono tiene que estar siempre configurado con letras grandes. Aunque lleve gafas, hay documentos que no puedo leer y tampoco puedo distinguir los nombres que aparecen en los rótulos de un informativo de televisión.
Por eso, entre las personas con baja visión tenemos una expresión que dice: «No me acerco al objeto, sino que el objeto se acerca a mí». Es decir, la información debe facilitarse de manera accesible para la persona, en lugar de obligarla siempre a adaptarse a algo que no puede ver.
También ocurre que las personas con discapacidad visual nos guiamos mucho por el oído. Puedo no reconocer visualmente a alguien, pero escuchar su voz y saber perfectamente quién es. Incluso me ha pasado que alguien me saluda desde un coche y yo no respondo porque no sé quién es. Después, cuando nos encontramos, me dice: «Te saludé y no me contestaste».
– Desde su experiencia y su trabajo con personas con discapacidad, ¿qué cree que todavía no hemos aprendido como sociedad sobre ellas?
Respuesta: Mira, creo que todavía tenemos que aprender a cambiar el concepto que tenemos sobre la discapacidad.
En África, seguimos viviendo en buena medida bajo un modelo caritativo de la discapacidad. En este ámbito existen diferentes modelos, entre ellos el modelo caritativo y el modelo social.
El modelo caritativo considera, en muchos casos, que la persona con discapacidad es alguien que está ahí para recibir ayuda o caridad. Incluso existen contextos en los que la discapacidad se relaciona con una carga, una desgracia familiar, etc; y esto coloca a la persona con discapacidad en una posición pasiva.
Pero ya va siendo hora de avanzar hacia un modelo social. Y en Guinea Ecuatorial hay algunos elementos que nos dan esperanza, porque se están dando pasos en esa dirección. Hoy se habla de educación especial, existe una Dirección General relacionada con las personas con discapacidad, hay organizaciones que trabajan en este ámbito y Guinea Ecuatorial ha ratificado la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
El modelo social cambia el foco. No se trata únicamente de mirar la discapacidad que tiene una persona, sino de identificar y eliminar las barreras que encuentra cada día para poder desarrollarse.
Una persona ciega puede leer, puede escribir, puede estudiar y puede trabajar. Si tiene acceso a la educación, recibe formación y aprende, por ejemplo, Braille, puede desenvolverse de manera autónoma. Aunque siga siendo una persona ciega, su vulnerabilidad disminuye porque tiene formación y puede trabajar y aportar a su familia.
Lo mismo ocurre con una persona sorda. Si va a un hospital y existe alguien que pueda facilitarle la comunicación en lengua de signos con el personal sanitario, estamos eliminando una barrera. Si una persona con discapacidad auditiva puede acceder a la información que se transmite en televisión porque existen los recursos necesarios, también estamos eliminando otra barrera.
Por eso, hoy en día el foco no debería estar únicamente en la persona y en su discapacidad, sino en aquello que le impide progresar. ¿Qué le impide ir a clase? ¿Qué le impide acceder a un lugar público?
Si una escuela no es accesible, tenemos que hacerla accesible. Si un edificio público no tiene rampas, tenemos que ponerlas. En definitiva, nuestra sociedad tiene que entender que también forma parte del proceso de inclusión.
– Ha conseguido superar obstáculos personales y ha adquirido una importante formación y experiencia en materia de discapacidad. ¿En qué momento decidió que no bastaba con superar sus propios obstáculos y que también quería ayudar a cambiar la realidad de los demás?
Respuesta: Bueno, yo siempre pienso que, si mis padres hubieran tenido en su momento más información o más medios, mi historia podría haber sido diferente.
Yo me operé superados los ocho años. Mi madre me explicó en alguna ocasión que los médicos consideraban que, si la operación se hubiera realizado entre los cero y los cinco años, podría haber recuperado un porcentaje mucho mayor de visión. Sin embargo, al realizarse después, las posibilidades eran menores y mi visión quedó como está actualmente.
Con el tiempo, gracias a Dios y también a mi trabajo, he tenido la oportunidad de formarme mucho en materia de discapacidad. He realizado diferentes cursos, he participado en reuniones internacionales y he adquirido conocimientos que considero importante compartir.
Hay una expresión en inglés, «give and take», que significa dar y recibir. Yo pienso que lo que sé no me sirve de nada si me lo quedo para mí. Si he tenido la oportunidad de aprender determinadas cosas, también es importante que otras personas las conozcan.
A veces vienen expertos a Guinea Ecuatorial para hablar sobre discapacidad y, cuando escucho lo que explican, pienso: «Pero ¿cómo? Si esto yo también lo sé». Y otras personas, cuando hablamos de estos temas, me dicen: «¡Cuánto sabes de discapacidad!».
Entonces pienso que precisamente ese conocimiento no debería quedarse únicamente conmigo. De ahí surge también “Tengo un sueño”.
– Su iniciativa “Tengo un sueño” pretende llevar la conversación sobre la discapacidad a espacios de formación, charlas y conferencias. ¿Qué sueño concreto persigue este proyecto y qué le gustaría que cambiara en Guinea Ecuatorial gracias a él?
Respuesta: Para empezar, voy a responder a la segunda parte. Lo que quisiera que cambiara en Guinea Ecuatorial es el concepto que tenemos sobre la discapacidad. Como siempre digo, si cambiamos el concepto, cambiaremos también nuestras acciones.
“Tengo un sueño” nació inicialmente como un programa de televisión en TVGE. Yo siempre quise ser locutor de radio. Ese era uno de mis sueños.
En 2012 conocí a Lucía Mbomío y, cuando hablamos por primera vez, le dije precisamente: «Tengo un sueño», porque quería hacer televisión o radio. Ella me propuso crear un programa de televisión para intentar dar a conocer las capacidades que tienen las personas con discapacidad. Y así nació el programa “Tengo un sueño”.
El programa estuvo en emisión durante un tiempo y después se cerró. Pero yo pensé: el programa se ha terminado, pero ¿por qué no seguir hablando de este tema de otra manera?
Hoy tenemos las redes sociales, tenemos otras herramientas y podemos continuar con el mismo propósito desde otro espacio. Así empecé a hacer vídeos para las redes sociales sobre discapacidad, sobre la Convención y sobre diferentes cuestiones relacionadas con las personas con discapacidad y sus derechos.
Poco a poco nació la iniciativa que hoy conocemos como “Tengo un sueño”. Para mí, “Tengo un sueño” es una herramienta. Una herramienta con la que quiero dar a conocer lo poco que he aprendido y lo poco que sé sobre discapacidad.
Tristemente, en nuestro entorno, cuando se habla de una persona con discapacidad, muchas veces se habla de vulnerabilidad, de sufrimiento o de dependencia. Se transmite la imagen de que son personas que tienen que pasar toda su vida dependiendo de los demás.
Y también hay que entender que una persona con discapacidad puede hacer muchas cosas y alcanzar determinados objetivos. Tenemos que conocer, además, los diferentes patrones y herramientas que existen a nivel internacional para trabajar con personas con distintos tipos de discapacidad.
Esas son las herramientas y los conocimientos que pretendo difundir a través de “Tengo un sueño”. Creo que, como aquel programa de televisión tuvo un impacto importante en su momento, no puedo simplemente dejarlo atrás. La idea tiene que continuar.
Y el sueño, en definitiva, es conseguir una inclusión social efectiva de las personas con discapacidad. Porque, cuando hablamos de inclusión, no todo vale. No basta con decir que una persona está incluida. Tenemos que crear las condiciones para que esa inclusión sea realmente efectiva.
