Hay situaciones que no se deberían ignorar y mucho menos cuando se trata de nuestra salud. Lo visto en la cocina de un restaurante en Bata, cuyas imágenes se han difundido en las redes sociales en las últimas semanas, debería suponer una alarma.
Lo que se observa, según las imágenes es suciedad acumulada, utensilios en condiciones deficientes. ¿Puede considerarse aceptable que un espacio destinado a preparar alimentos para el consumo humano presente semejantes condiciones?
Un restaurante es un establecimiento al que los ciudadanos acuden para alimentarse, confiando en que los productos que consumen han sido preparados con garantías de higiene. Cuando esa confianza se rompe, el problema se convierte en una cuestión de salud pública.
Lo ocurrido en un restaurante en Bata también sucede en otras ciudades de nuestro país y la mayoría de estos restaurantes son dirigidos por expatriados. Abrir un restaurante no basta con alquilar un local e instalar mesas. El personal debe tener una formación al menos en hostelería, sala y cocina.
Esta reflexión no afirma que todos los restaurantes sean como el de Bata. No obstante, la intervención merece una atención no solo por las condiciones que se han dado a conocer, sino por lo que plantea sobre la necesidad de reforzar la vigilancia de los establecimientos dedicados a la restauración. Una manipulación inadecuada de los alimentos y unas condiciones deficientes de higiene pueden provocar enfermedades transmitidas por alimentos.
Para las inspecciones, se puede tomar como referencia las que ha realizado el Ministerio de Sanidad en las farmacias y clínicas para conocer el grado de cumplimiento. Los restaurantes también pueden estar sujetos a controles periódicos.
Las imágenes difundidas desde Bata deben servir para impulsar medidas concretas y severas para cualquier restaurante. Los responsables de aquel restaurante en Bata, son conscientes del daño que han creado a la ciudadanía, sin embargo, les daba igual. Pero con una inspección se ha podido descubrir esta práctica, he ahí la importancia de los controles.
La salud de los ciudadanos vale más que cualquier beneficio económico.
