Ngumu Nsue Andeme: «Olvidar el Abahá es olvidar una parte fundamental de la identidad y las raíces de la cultura fang»

Más allá de ser una construcción situada frente a los poblados, el Abahá (Casa de la Palabra) representaba una de las instituciones tradicionales más significativas de la cultura fang. Era el lugar donde se resolvían conflictos, se deliberaban los asuntos colectivos, se compartían alimentos y se acogía al viajero.

En la tradición fang, el Abahá no era simplemente un lugar de reunión. Constituía o constituye un espacio de referencia para la organización de la vida comunitaria, donde la palabra, el respeto, la solidaridad y el sentido de pertenencia desempeñaban un papel fundamental en las relaciones entre los habitantes de un poblado.

En una conversación sobre la importancia de este patrimonio cultural, Ngumu Nsue Andeme explica que el origen del Abahá está estrechamente relacionado con las antiguas costumbres de convivencia entre hermanos y familias que, después de abandonar el pueblo de sus padres, establecían sus propios hogares en otros lugares.

Su origen y del porqué se llama Abaha

El origen del Abahá está vinculado a una práctica habitual entre los hermanos de una misma familia o pueblo. Cuando uno de ellos salía al bosque y cazaba un animal de mayor tamaño, este animal se trasladaba detrás de las cocinas para ser descuartizado entre todos. Esta actividad, conocida en fang como «Ába», se repetía constantemente cuando otros hermanos traían animales grandes y eran descuartizados en el mismo lugar, que denominaron en «ába bechit», que terminó convirtiéndose en un punto de encuentro.

La práctica de encontrarse en aquel lugar fue consolidándose hasta adquirir una dimensión comunitaria. Este lugar se convirtió en un espacio en el que, aunque no se descuartiza animales, los hombre se reunían y estos encuentros permitieron que se abordaran cuestiones que afectaban a las familias y, posteriormente, al conjunto del poblado.

“Los hombres del pueblo, después se dieron cuenta de que ya no es un lugar donde se descuartizan animales (ába bechit) sino que ya se ha convertido en un lugar donde el fang arregla sus asuntos familiares. Pero donde se descuartizaban aninales era detrás de las cocinas y el fang no podía solucionar problemas detrás de las casas, por eso salieron de detrás de las casas a construir el ába bechit al frente del pueblo. Es la razón por la que el Abaha (Casa de la Palabra) está siempre al frente de los patios del pueblo”, explica el entrevistado, resaltado que el nombre Abaha, viene de ába bechit.

Espacio para resolver conflictos

Una de las funciones más importantes del Abahá era o es su papel como espacio de diálogo y resolución de conflictos. Según Ngumu Nsue Andeme, conocedor de la historia del Abaha (Casa de la Palabra), representaba una forma tradicional de organización social en la que el diálogo y la deliberación contribuían a preservar la convivencia.

El significado que tiene el Abahá para los fang es que es un lugar donde se resolvían conflictos y se trataban asuntos colectivos que afectan al pueblo. Conservar el Abahá implica también reconocer el valor de una tradición que situaba el entendimiento y la búsqueda de soluciones colectivas en el centro de la vida comunitaria fang”, ha destacado.

La otra cara del Abaha, espacio de solidaridad y hospitalidad para el fang

El Abahá también desempeñaba una función fundamental en la acogida de viajeros. En aquellos tiempos, cuando una persona recorría largas distancias a pie, podía detenerse en la Casa de la Palabra para descansar y recibir la hospitalidad de los habitantes del poblado. El viajero debía presentarse, es decir, su pueblo y tribu.

«En aquellos tiempos era difícil que, si te presentabas no coincidías de pueblo o tribu con algún miembro de este pueblo. O si una mujer casada en este pueblo coincidíais en la tribu, hasta podías dormir en este pueblo porque los nativos son tus cuñados», relataba Ngumu Nsue Andeme, recordando que las relaciones de parentesco tradicionales permitían que un desconocido dejara de serlo en cuestión de minutos.

Esta hospitalidad reflejaba una dimensión de la cultura fang que tenía el Abahá. Representaba el reconocimiento de los vínculos humanos y culturales que unían a las personas, incluso cuando procedían de poblados diferentes.

Recuperar el Abahá para fortalecer la identidad cultural

La conservación del Abahá no debería limitarse al mantenimiento de su estructura física. También exige recuperar las prácticas y los valores que dieron sentido a su existencia: el diálogo, la resolución de conflictos, la solidaridad y la hospitalidad.

La reflexión de Ngumu Nsue Andeme apunta precisamente a esa necesidad de preservar el legado de los antepasados y devolver al Abahá su reconocimiento como espacio de referencia para la comunidad.

«Este patrimonio cultural y legado fang debe conservarse, porque es muy importante para el hombre fang, ya que es ahí donde se resolvían los problemas. Si nos olvidamos de este legado cultural, es como si no estuviéramos haciendo nada, porque la base del fang está en el Abahá», concluye.

Más que recuperar una antigua construcción, preservar el Abahá supone mantener viva una manera de entender la vida en comunidad: reunirse, escuchar, compartir, acoger al otro y buscar soluciones colectivas.

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