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¿Por qué los Fang celebran la muerte de sus difuntos?: Estas son las razones detrás de una ceremonia post mortem

La etnia Fang, asentada en países como: Camerún, Gabón, Guinea Ecuatorial o Congo; desde hace más de 1.000 años, celebra sus rituales para la protección de los vínculos espirituales de su linaje.

Por Mitogo Obiang Abumeyem
abril 29, 2025
en Sociedad
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Dentro de la filosofía social y religiosa del Fang, la muerte (awuh), no es únicamente el cese de todas las funciones vitales que sustentan el organismo de un hombre, sino que es un espíritu que siembra el mal y destruye todos los elementos que dan vida a su pueblo.

La percepción de la muerte es distinta en cada cultura. Cuenta la leyenda ancestral que, para el Fang, el significado y entendimiento de lo que es la muerte trascienden la comprensión común. La palabra muerte (awuh en fang) desemboca en siete expresiones que explican su significación. La unificación o concentración de estos siete elementos trascendentales y otros seis componentes físicos y espirituales, representan lo que es la muerte. De igual modo, la tradición Fang cuenta que la reunión que suelen mantener los parientes de una persona fallecida después de llevar a cabo sus actos de sepelio, es la que se conoce también como eto awuh (velorio o reunión de duelo).

Cuando fallece una persona mayor, varios miembros de su familia y/o de la tribu se reúnen en una especie de cónclave, al menos desde los planos físico y divino, para llevar a cabo unos rituales que conduzcan a descubrir las causas de esta muerte, y en consecuencia, decidir el futuro de los descendientes del finado. Dicho encuentro suele ser liderado por personas mayores, y sobre todo, conocedores de los ritos tradicionales, quienes supuestamente hablan con los espíritus para que puedan ayudarles a encontrar soluciones a un problema que causa desasosiego dentro de la tribu o familia.


Entonces, ¿Por qué se celebra la muerte y cuál es la importancia de esta ceremonia?

La investigación llevada a cabo revela que la sociedad Fang, conocida también como el pueblo de los Ekang, celebra desde hace más de 1.000 años varios rituales culturales que cultivan la protección espiritual de sus pueblos.

De acuerdo con Ela Mba Ela, conocedor de la cultura y prácticas ancestrales del Fang, y líder de la asociación Ekang Mebegue, el evento post mortem es un acto de gran magnitud que se celebra por dos motivos y durante tres días. Por un lado, se celebra para «despojarse o deshacerse del espíritu de muerte” (nsisim awuh, en fang) que trae y siembra el mal dentro de la tribu. Y por otro, para “recuperar el espíritu del fallecido”, a fin de que este trabaje y proteja a la familia desde el plano no físico.


Despojarse del Nsisim awuh

Para profundizar en la primera razón que justifica esta ceremonia tradicional, Ela Mba Ela desvela que el “espíritu de muerte” no solo viene para llevarse el alma de un mayor o anciano de la familia, sino que también trae consigo un mal que destruye todo aquello que da vida al pueblo, como los ríos, las plantaciones, el ganado, etc., robándoles la esperanza de vida a las personas. En contraste, el Fang realiza una ceremonia en la que se desarrollan varios rituales, para deshacerse de este espíritu. Estos actos suelen ser conducidos principalmente por un representante (anciano) de la aldea de la madre de la persona fallecida, el cual es conocido como Djáñia o Bogú, quien está llamado a proteger la vida de los miembros del clan y evitar la muerte hacia otras personas durante un periodo considerado.

Esto da entender que durante la ceremonia de la muerte, el tío materno (Bogú o Djáñia) del difunto, es quien ostenta junto con otros ancianos de la parte paterna de la persona fallecida, las facultades de orientan, en este caso, el destino de la familia de quien ha muerto durante los actos post mortem. El Djáñia es la persona que dice lo que hay que hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo. Sus poderes fácticos le permiten supuestamente conectar con las almas del más allá, hablar con el difunto y echar el “espíritu de muerte” que ha venido a sembrar el mal dentro de la familia. Sin su presencia, la ceremonia de muerte no puede llevarse a cabo.


Recuperar el espíritu del fallecido

Según dictan las costumbres ancestrales del pueblo Ekang, después del fallecimiento de un anciano, la celebración de su muerte se lleva a cabo transcurridos los 90 días. Este evento reúne a todos los miembros de la familia y tribu del que pertenecía el finado. Durante la ceremonia de la muerte (adjeme agu en fang) se juntan los componentes de la tribu en un encuentro liderado por Djáñia o Bogú para, entre los diferentes ritos que se realizan, “llamar al espíritu del fallecido” para que “regrese al pueblo y vele por el bienestar de sus parientes” desde el plano divino. Sin embargo, este ritual no solo invoca el regreso de este espíritu al pueblo, también tiene el poder de “expulsarlo al bosque” para siempre cuando se trata de alguien que no obró muy bien cuando estaba en vida, rehuyendo el mal que reinaba en él para el bien de la tribu.


Actividades o bailes que se llevan a cabo durante la ceremonia de la muerte

Durante la ceremonia de la muerte suelen desarrollarse diferentes actividades, dependiendo de la edad y el sexo del finado. Si se trata de un hombre mayor, es decir, que ha superado los 70 u 80 años, el evento suele contar con la actuación de bailes que representan a los hombres, que son el Ndong Mba y el Nvet Oyeng; y si es una mujer, también de edad avanzada, se suele contar con el baile Mokom. Los fang no celebran la muerte de un niño, adolescente o joven. Ancestralmente, los Ekang no reconocen la pérdida de vida de este grupo. El “espíritu de muerte” nunca llegaba para llevarse la vida de un niño o joven, como pasa actualmente. Cuando se moría una persona menor de edad, se realizaba un acto que estaba llamado a descubrir las causas de este suceso, conocido como el Nguí (justicia divina) para que los posibles responsables de esta muerte enfrenten las consecuencias por sus acciones.

Otra de las cuestiones que integran el tema de la muerte es que, anteriormente se evitaba que los niños tuvieran contacto con los cadáveres y se les prohibía el acceso a los actos de muerte. Era una decisión que defendía la idea de que los jóvenes deben únicamente “vivir la vida”, alejándoles de cualquier cosa que pudiera provocarles “inseguridades y miedo”.


No celebrar la muerte significa condenar al pueblo a la desgracia

Según Ela Mba Ela, la manera en la que el Fang celebra la muerte actualmente es “desacertada” porque ya no se cumplen con los criterios o los ritos ancestrales establecidos en la ceremonia, para proteger a las personas. En este sentido, el entendido en la cultura y tradición Ekang considera que “esa práctica inexacta podría ser una de las razones que conllevan a las constantes desgracias que actualmente se observan en muchas familias de los Ekang”. Si bien la ceremonia expulsa el “espíritu de muerte” dentro de la tribu, y permite a los fallecidos defender y cuidar de su gente desde el plano espiritual, la omisión consciente o inconsciente de estos actos acarea un devenir oscuro para la tribu.

«La aculturación agrava esta situación, porque el Fang ya no quiere aceptar lo que es y la muerte se ha instaurado en nuestros hogares», dice Ela Mba Ela. Hoy en día, las muertes son celebradas por personas que no saben cómo proceder para llevar a cabo los rituales, y ya se desarrollan actividades que no están permitidas en este tipo de eventos, tales como los coros cristianos o el baile ebola-za. La ceremonia de la muerte “se ha convertido en un evento donde la gente va para beber y bailar. Ya no es trascendental”, asegura el conocedor de la tradición del Pueblo Ekang. «No celebrar la muerte hace que este espíritu nunca se aleje de la familia, y que perdamos toda nuestra riqueza natural”, concluye.

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Archivado en: actualidadcultura fang
Mitogo Obiang Abumeyem

Mitogo Obiang Abumeyem

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