La propagación del cólera en Sudán se ve agravada por las catastróficas condiciones sanitarias: acceso limitado a agua potable, infraestructura destruida y centros de salud cerrados o saqueados. Ya se han reportado casos en Chad y Sudán del Sur, lo que indica una propagación regional.
Desde julio de 2024, se han registrado más de 83.000 casos y 2.121 fallecimientos en casi todas las regiones de Sudán. Solo en 2025, se registraron 32.000 casos sospechosos, que resultaron en 742 fallecimientos. Los campamentos de desplazados internos han registrado 11.500 casos y 165 fallecimientos, mientras que los campamentos de refugiados en países vecinos han reportado 278 casos y 15 fallecimientos. Las regiones más afectadas son Darfur del Norte y Kordofán, donde la violencia impide el acceso regular a la atención sanitaria.
En respuesta a esta emergencia, se han distribuido 3 millones de dosis de vacuna oral, de las cuales 1,3 millones ya se han administrado. Se prevé la distribución de 3 millones adicionales en los Estados más vulnerables. Pero estos esfuerzos siguen siendo precarios. La ayuda humanitaria solicita 50 millones de dólares para continuar las operaciones hasta finales de 2025. Más allá de las líneas del frente, el cólera se convierte en un reflejo silencioso del colapso de Sudán, una crisis donde las muertes invisibles se suman a las del conflicto.
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