La puntualidad se ha convertido en una asignatura pendiente en las relaciones de nuestra sociedad, donde impera la conocida por «hora guineana», que se ha instaurado como una realidad ineludible. Los escenarios que evidencian la falta de puntualidad en los ecuatoguineanos son numerosos y recurrentes. Tanto los anfitriones de eventos como los participantes suelen ignorar el valor del tiempo, y muchos se hacen la pregunta sobre ¿Quién debe llegar primero a una cita, el que convoca o el convocado? Pues, en el contexto ecuatoguineano la respuesta es clara: ninguno de los dos. Esta falta de compromiso con la hora acordada refleja una desvalorización del tiempo que afecta negativamente las relaciones interpersonales.
En una convocatoria, se espera que tanto el que convoca como el convocado sean puntuales. Sin embargo, la presión por llegar a tiempo a menudo recae sobre el anfitrión, quien organiza el evento. Es fundamental que los convocados también muestren respeto por el tiempo de los demás, pero esta expectativa parece ser mucho pedir para una gran parte de la población.
Se observa que en Guinea Ecuatorial, un país multiétnico y multicultural, las normas socio étnicas dictan un comportamiento que desvalora el tiempo. La costumbre de llegar siempre u ocasionalmente tarde, o incluso no acudir a la cita sin notificación alguna, revela una falta de consideración hacia los demás.
La «Hora Guineana»
La frase «hora guineana» se ha convertido en sinónimo de impuntualidad, es decir, una costumbre asentada de llegar con horas de retraso a las citas; lo cual proyecta una imagen de desorganización y falta de responsabilidad en la sociedad.
La puntualidad no es solo un valor importante, también es un reflejo de carácter, orden y responsabilidad. Si bien existen grupos de personas en el país que respetan estrictamente la hora, y precisamente resulta esencial que la mayoría de la población siga su ejemplo.
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