Apoyada en las reservas estratégicas y guiada por una voluntad de poder, esta ruptura histórica no solo busca la autonomía financiera; pretende transformar una economía de rentas en una economía de combate, consolidando definitivamente el fin de la influencia francesa en África Occidental.
La bandera tricolor se ha bajado en las bases militares y se ha pedido a los embajadores no deseados que abandonen el territorio. Los contratos mineros se han reescrito con la tinta de la soberanía, como vimos con la recuperación del oro maliense. Sin embargo, quedaba una última cadena por romper, la más invisible pero también la más sólida de todas: la cadena monetaria.
En este fin de año 2025, África Occidental vive una segunda independencia. Este giro sigue, sin embargo, dependiendo de la capacidad de los Estados implicados para construir instituciones monetarias sólidas y creíbles, capaces de inspirar la confianza de la población y de los socios. La Alianza de Estados del Sahel (AES), reforzada por su nuevo poder minero, se dispone a dar el golpe final contra el franco CFA. Este plan de acción frío, calculado e irreversible va más allá del simple deseo de los activistas.
La decisión de Bamako, Uagadugú y Niamey de orientarse hacia una moneda común marca el fin de una anomalía histórica de ochenta años. Cierra el capítulo de la «servidumbre voluntaria» para abrir el de la «responsabilidad total». Por primera vez, la moneda ya no será un instrumento de estabilidad para los inversionistas extranjeros, sino una herramienta de lucha para el desarrollo endógeno.
La autopsia cuantificada de un sistema de renta
Para entender la violencia de la ruptura en curso, hay que mirar de frente la realidad contable del franco CFA. Este sistema, creado en 1945, impuso la centralización de las reservas de divisas africanas en el Tesoro francés. La evolución de este «depósito obligatorio» cuenta por sí sola la historia de una tutela persistente.
Este mecanismo obligó a los Estados africanos a depositar el 100 % de sus reservas al principio, luego el 65 % a partir de 1973, para finalmente estabilizarse en un 50 % desde los acuerdos de 2005. En otras palabras, la mitad de la riqueza líquida de los países más pobres se destinaba a financiar la deuda pública de una potencia europea.
Los defensores de este dispositivo lo ven como un signo de estabilidad y credibilidad externa, pero esta «estabilidad» a menudo se ha construido a costa de una libertad de maniobra muy reducida para las economías del Sahel. Estos billones de euros, inactivos en las cuentas de operaciones en París, han privado al Sahel de la liquidez vital para sus inversiones.
Peor aún, la paridad fija con el euro ha actuado como una camisa de fuerza económica. Ha hecho que las exportaciones africanas sean artificialmente caras y que las importaciones europeas sean competitivas. Este sistema ha destruido, en sus inicios, cualquier intento de industrialización local, convirtiendo a la región en un vasto mercado de productos manufacturados importados.
La transición monetaria del Sahel
El desencadenante psicológico definitivo no ocurrió en los libros de economía, sino sobre el terreno, en una fecha precisa. Las sanciones impuestas por la CEDEAO y la UEMOA el 9 de enero de 2022 contra Mali actuaron como un revelador brutal para los líderes sahelianos.
El cierre de fronteras y la congelación de los activos malienses en el Banco Central de los Estados de África Occidental (BCEAO) demostraron una verdad terrible. El sistema bancario regional puede ser desconectado a distancia para asfixiar a un gobierno considerado demasiado soberanista. La soberanía política sin soberanía monetaria no es más que una ilusión trágica.
Desde ese momento, la salida del franco CFA se convirtió en una cuestión de seguridad nacional. Siempre que, por supuesto, las alternativas consideradas no reproduzcan, de otras formas, dependencias y vulnerabilidades similares a las denunciadas hoy. Ya no se trata de un debate económico, sino de la supervivencia del Estado. La AES entendió que no podía dejar la llave de su caja fuerte en el bolsillo de instituciones vulnerables a presiones políticas externas.
El oro del Sahel y el desafío técnico
Los escépticos a menudo exigen qué garantía ofrece esta nueva moneda. La respuesta se encuentra en el subsuelo de la región, ahora bajo control nacional. El oro de Loulo, el uranio de Arlit y el petróleo de Agadem constituyen el «colateral» más sólido del mundo.
Pero la sola existencia de estos recursos no garantiza el éxito monetario: todo dependerá de la transparencia en su gestión y de la capacidad para evitar su captura por élites reducidas. A diferencia del franco CFA, garantizado por una promesa política del Tesoro francés, la moneda del AES estará respaldada por una riqueza tangible.
Sin embargo, esta transición conlleva enormes desafíos técnicos que sería imprudente ignorar. La creación de un nuevo Banco Central exige una rigurosidad absoluta para evitar el escollo de la hiperinflación. La experiencia de otros países africanos enfrentados a la hiperinflación recuerda que la soberanía monetaria, mal gestionada, también puede convertirse en un factor de inestabilidad social y política.
La gestión de la masa monetaria deberá ser pilotada por tecnócratas competentes, capaces de resistir la tentación de la “impresión fácil de billetes”. La credibilidad de la futura divisa, el “Sahel”, dependerá de la capacidad de los Estados para mantener una disciplina presupuestaria estricta sin la intermediación de París.
Salir de la trampa del Eco
La Alianza de Estados del Sahel tuvo la inteligencia estratégica de desviarse del proyecto “Eco”. Este proyecto de moneda única de la CEDEAO, repetidamente pospuesto, mantiene una paridad rígida y una dependencia conceptual respecto a las doctrinas monetaristas occidentales. Se parece demasiado a un “CFA bis” para representar una verdadera ruptura.
La AES propone una filosofía monetaria diferente, centrada en la flexibilidad. Su futura moneda permitirá financiar los déficits necesarios para la construcción de infraestructuras críticas. Permitirá ajustar el tipo de cambio para proteger a los agricultores locales contra el dumping de productos importados subvencionados.
Sin embargo, tal flexibilidad exigirá reglas claras y salvaguardias institucionales para evitar devaluaciones oportunistas y una pérdida de confianza por parte de la población. El objetivo no es tener una inflación del 2 % como en la zona euro, mientras que los jóvenes necesitan empleos.
El objetivo es proporcionar crédito a la economía real. El desafío será encontrar un equilibrio entre la financiación de la inversión productiva y la estabilidad de los precios, sin beneficiarse del arbitraje de un banco central externo. Hoy en día, un empresario maliense pide préstamos a tasas prohibitivas, a menudo superiores al 10 %, porque la política monetaria está alineada con las necesidades de Europa. La nueva moneda debe romper este techo de cristal.
Una zona de 72 millones de almas
La nueva moneda servirá de cemento a la confederación de la AES. Facilitará los intercambios comerciales directos entre Bamako, Uagadugú y Niamey, sin pasar por conversiones costosas. Está naciendo un mercado interno de 72 millones de consumidores, unificado por una visión política común y, pronto, por un mismo instrumento de intercambio.
Los proyectos de infraestructuras comunes, como las refinerías o las centrales solares, serán financiados por esta divisa soberana. La concreción de estos proyectos dependerá, sin embargo, de la rapidez con la que las tres capitales implementen un sistema de compensación bancaria moderno, fiable e interconectado.
Esto reduce el riesgo cambiario y la dependencia de los préstamos en dólares. El dinero creado en el Sahel permanecerá en el Sahel para circular y crear valor allí. Es el fin del modelo de economía de enclave. La moneda se convierte en una herramienta de retención de la riqueza local y de proteccionismo inteligente.
La pesadilla de la Françafrique y el realismo
Esta perspectiva provoca sudores fríos en París, que ve erosionarse un importante instrumento de influencia. El fin del franco CFA en la zona AES significa la pérdida de un mercado cautivo para las empresas francesas. A corto plazo, algunas empresas europeas probablemente buscarán adaptarse a este nuevo panorama renegociando sus asociaciones sobre una base más equitativa.
Los discursos alarmistas sobre el riesgo de devaluación ya inundan los medios. Aunque el riesgo de volatilidad es real a corto plazo, estos análisis a menudo olvidan que Mauritania o Ghana gestionan su propia moneda desde hace décadas. La soberanía implica un riesgo que las poblaciones del Sahel parecen dispuestas a asumir.
El miedo se utiliza para paralizar la audacia africana, pero la extorsión ya no funciona. Al mismo tiempo, los líderes del AES deberán demostrar, mediante resultados económicos y sociales tangibles, que esa audacia se traduce en una mejora real de las condiciones de vida. Ellos apuestan a que el costo de la servidumbre perpetua es infinitamente más alto para las generaciones futuras.
El amanecer de una soberanía total
El nacimiento de la moneda del AES será el acta de defunción oficial de la Françafrique, siempre que esta moneda no permanezca como un símbolo, sino que se convierta en un instrumento efectivamente controlado por instituciones responsables, transparentes y supervisadas por los ciudadanos.
Ella completará el tríptico de la soberanía: defensa, diplomacia, economía. Assimi Goïta, Ibrahim Traoré y Abdourahamane Tiani están sentando las bases de una civilización recuperada, más allá de la simple transición política. Este proceso será complejo y requerirá una vigilancia técnica en todo momento.
Habrá turbulencias y ataques especulativos contra la nueva moneda. La manera en que los Estados de la AES respondan colectivamente a estos choques será decisiva para evitar que las frustraciones sociales sean instrumentalizadas contra el propio proyecto.
Dentro de unos años, se mirarán los billetes de francos CFA como reliquias de museo. Serán testigos de una época pasada en la que África pagaba por tener derecho a ser pobre. Si los Estados del Liptako-Gourma logran asumir este costo y construir mecanismos de solidaridad interna sólidas, esta moneda de combate podrá convertirse en una palanca duradera de transformación. La moneda de combate está ahí, lista para alimentar a los niños del Liptako-Gourma en lugar de a las finanzas internacionales.
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