Guinea Ecuatorial avanza hacia una nueva etapa en la gestión de sus recursos públicos. Con la Orden de la Presidencia del Gobierno 3/2025, el Estado ha decidido cerrar definitivamente la puerta al cobro generalizado en efectivo de impuestos, tasas y otros ingresos públicos, apostando por pagos bancarios oficiales, trazables y verificables. No se trata solo de una reforma técnica: es una decisión política de alto calado moral, que interpela directamente a la conciencia de cada ciudadano.
En su mensaje de fin de año 2025, el Presidente de la República, Obiang Nguema Mbasogo, fue claro al advertir que la corrupción no puede seguir robando oportunidades al país ni debilitando la confianza entre el Estado y el pueblo. El Jefe de Estado llamó a reforzar la vigilancia, la disciplina y el sentido de responsabilidad en la gestión pública, recordando que los recursos nacionales pertenecen a todos y deben servir al bienestar colectivo.
Pagar por banco es, en este contexto, mucho más que cumplir una norma. Es garantizar que cada franco destinado al Estado llegue íntegro a su destino, sin desvíos ni intermediarios indebidos. Es permitir que los ingresos públicos puedan ser controlados, auditados y utilizados con transparencia para financiar escuelas, hospitales, carreteras y servicios esenciales. Es, en definitiva, poner un muro entre el dinero público y la corrupción.
La medida también envía un mensaje poderoso: el Estado confía en sistemas modernos, en la bancarización y en la trazabilidad como herramientas para fortalecer la justicia fiscal. Y al mismo tiempo, pide la colaboración activa de los ciudadanos, porque sin participación ciudadana no hay reforma que tenga éxito. Cada pago realizado por vía bancaria es un gesto de confianza en las instituciones y una contribución directa a un Estado más fuerte y más justo.
Es cierto que se ha previsto, de manera transitoria y bajo controles estrictos, el uso del efectivo para determinados efectos de valor. Pero el rumbo está claro y no admite dudas: el futuro de la recaudación pública es transparente, ordenado y bancarizado.
Hoy, más que nunca, la lucha contra la corrupción no es un discurso lejano. Empieza en lo cotidiano, en cómo pagamos nuestros impuestos y tasas. Cuando el dinero público entra en el banco, gana el Estado, gana la transparencia y gana el ciudadano. Ese es el espíritu de la reforma y el mensaje que debe calar en la sociedad: el dinero de todos se respeta, se protege y ya no se toca.
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