Según Engonga Micha, un iniciado no es simplemente alguien que ha sido instruido en conocimientos místicos u ocultos; más bien, «es un individuo que ha franqueado etapas sagradas para acceder a un conocimiento profundo de sí mismo, de las leyes del universo y del mundo invisible».
«Un iniciado es un ser despierto que ha tomado conciencia de su naturaleza divina y de su misión sobre la Tierra. Es un transmisor de saberes que ha dominado conocimientos transmitidos por los ancestros (ritos, símbolos, medicinas sagradas, etc.)», indica Engonga Micha.
El entendido de la tradición ancestral fang sostiene que el iniciado es, además, “un intermediario entre los vivos, los ancestros y las fuerzas cósmicas (divinidades, espíritus de la naturaleza)”. “El iniciado no nace, se hace. Es un viajero que ha aprendido a leer los signos de lo visible y de lo invisible”, explica nuestro protagonista.
En las sociedades tradicionales africanas, el iniciado a menudo lleva signos en su cuerpo, que lo distinguen de las demás personas de la comunidad: escarificaciones, adornos específicos u objetos rituales como bastones, cadenas y marcas. Además, ocupa roles clave en el ámbito familiar y social. En el pueblo Ekang, esta figura a menudo se relaciona con un curandero (nganga en fang), un adivino (ndende en fang) o un guardián de las tradiciones (nkama en fang).
Durante los ritos de iniciación, Engonga Micha cuenta que el iniciado suele emprender un viaje que lo separa de la vida a la muerte. «Él muere en su antigua vida a través del aislamiento y las pruebas físicas para renacer con una nueva identidad espiritual», afirma. Dentro de sus funciones y responsabilidades espirituales, estas personas suelen tener conexión con los ancestros. «El iniciado dialoga con ellos a través de los sueños, los trances o las ensoñaciones (biyêyême, mendëm en fang); protege y guía a su comunidad mediante la purificación de las aldeas, la resolución de conflictos por medio de la adivinación, etc.», asevera.
¿Cómo se llega a ser iniciado?
Según Engonga Micha, el proceso de iniciación varía según las culturas, pero generalmente hay tres etapas:
La llamada: una persona potencialmente iniciada sueña o tiene visiones que la conectan con los ancestros, quienes le ordenan que se forme en conocimientos esotéricos o espirituales.
La formación: es la fase en la que la persona recibe un aprendizaje riguroso bajo la supervisión de un maestro (nganga o sacerdote bantú), quien la orienta a memorizar durante años los diferentes signos ancestrales.
La consagración: fase final en la que la persona comienza a comportarse como un iniciado, adoptando actitudes que la obligan a aislarse del resto de los miembros de la comunidad. Es un periodo en el que enfrenta pruebas que validan su transformación.
«Un iniciado es un puente entre los mundos, forjado por las pruebas y consagrado por los ancestros. Su poder no reside en la magia, sino en el dominio de las leyes naturales y espirituales, al servicio de la armonía colectiva. En la espiritualidad ancestral africana, es por tanto, un ser despierto que ha atravesado las pruebas de la vida para conocerse, honrar a sus ancestros y cumplir su misión divina. Al contrario de las ideas preconcebidas y folclóricas, no es una figura misteriosa o poseedora de superpoderes, sino un guía espiritual anclado en la tradición y la sabiduría ancestral. Su poder se transmite de generación en generación mediante rituales de aprendizaje», concluye Engonga Micha.
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