El brote ha causado casi 600 muertes y más de 18.000 casos hasta principios de mayo, según agencias de las Naciones Unidas. El Ministerio de Salud de Angola y sus socios, incluida la OMS, responden al brote mediante la detección de casos, el despliegue de equipos de respuesta rápida y la participación de la comunidad. «Andamos con altavoces instando a la gente a hacer lo que pueda para librarse de este mal”, afirmó el Supervisor de Promoción de la Salud, António Catunda.
Este país africano también lanzó en febrero una campaña de vacunación que llegó a un millón de personas. A pesar de estas medidas, Angola tiene una tasa de letalidad del 3,2%, superando el umbral del 1% utilizado como indicador de tratamiento temprano y adecuado de los pacientes de cólera. La situación es especialmente difícil para los socorristas sobre el terreno. «Estamos cansados de ver muertes, estamos cansados de ver pacientes con estos problemas», dijo Flávio Njinga, agente de desarrollo comunitario y salud (Adeco).
Este brote está afectando a personas de todas las edades, especialmente a los menores de 20 años. La última gran oleada de cólera en Angola tuvo lugar en 2006 y causó la muerte a más de 2.700 personas. Desde entonces, el país ha sufrido brotes periódicos, especialmente durante la temporada de lluvias.
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