El primer caso identificado fue el de una mujer embarazada que ingresó al hospital a finales de agosto con síntomas de sangrado. A pesar de los esfuerzos médicos, falleció en una semana, lo que desencadenó una serie de contagios entre el personal de salud y trabajadores de laboratorio que habían estado en contacto con ella. La rápida propagación de la enfermedad ha llevado al Instituto Nacional de Salud Pública declarar una emergencia mayor esta semana.
Inicialmente, las autoridades provinciales reportaron ocho muertes, pero el número ha aumentado a medida que se han presentado síntomas típicos del virus, como fiebre alta, vómitos y hemorragias en otros individuos expuestos, ya sea durante el tratamiento o en los funerales. El Ministerio de Salud confirmó oficialmente el avance del ébola en la región el pasado jueves.
El ébola se transmite a través del contacto directo con los fluidos corporales de las personas infectadas. Sus primeros síntomas incluyen fiebre, fatiga y dolores musculares, que pueden evolucionar hacia hemorragias severas e insuficiencia orgánica. Los cuidadores y familiares de los pacientes son especialmente vulnerables, ya que la enfermedad tiene una tasa de mortalidad de casi el 50% en brotes anteriores.
Este es el decimosexto brote de ébola que enfrenta el Congo desde el primer caso documentado en 1976. A lo largo de los años, algunos de estos brotes han resultado en cientos de muertes, lo que mantiene a África Central en un estado de alerta constante ante la posibilidad de nuevas infecciones.
La detección del virus en una mujer de 34 años con síntomas clásicos en agosto ha sido clave para identificar y responder a este brote. Las autoridades continúan trabajando para contener la propagación del mismo y proteger a la población.
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