Durante la ceremonia desarrollada en Washington, el Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, destacó que este acuerdo representa una verdadera colaboración, señalando que «la ayuda auténtica se traduce en autosuficiencia, fortaleciendo la capacidad de los países para sostenerse a largo plazo».
El acuerdo, que tiene una duración de cinco años y un valor de 2.500 millones de dólares, reemplazará a una serie de acuerdos previos gestionados por la extinta Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Este nuevo enfoque transferirá la financiación de organizaciones no gubernamentales al gobierno keniano, que asumirá gradualmente la responsabilidad de los trabajadores sanitarios inicialmente financiados por Estados Unidos.
Además, el acuerdo implica que Kenia aumentará su propio gasto en salud en 850 millones de dólares durante el mismo periodo. El presidente keniano, William Ruto, subrayó que esta asociación refleja un compromiso compartido para reforzar los sistemas de salud del país, haciéndolos más resilientes y sostenibles. «El marco que firmamos hoy impulsa nuestra meta de cobertura sanitaria universal, enfocándose en la modernización de nuestros hospitales y en garantizar el acceso a servicios de salud para todos», afirmó.
Funcionarios estadounidenses anticipan que otros países africanos podrían seguir el ejemplo de Kenia en los próximos días. Sin embargo, se ha indicado que naciones como Nigeria y Sudáfrica podrían quedar al margen de estas negociaciones debido a tensiones políticas con la Administración Trump.
La transformación de USAID en un organismo menos autónomo ha suscitado críticas y preocupaciones en el ámbito de la salud global, generando la reducción de fondos destinados a programas esenciales en países en desarrollo, incluyendo aquellos enfocados en la salud materno-infantil y la lucha contra el VIH/SIDA.
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