Son varios y recurrentes los escenarios que ponen de manifiesto, que la puntualidad en los compromisos o relaciones sociales entre los ecuatoguineanos, sigue siendo la asignatura que cobra poca importancia, especialmente para aquellos que desempeñan la función de anfitrión de algún evento o cita, pero también hacen lo mismo los que acuden en calidad de participantes, de ahí que algunos se preguntan: entre el que convoca y el convocado ¿Quién debe presentarse primero en el lugar de la convocatoria? Desafortunadamente, en nuestra sociedad la respuesta es simple: ninguno de los dos.
En una convocatoria, se espera que tanto el que convoca como el convocado sean puntuales. No obstante, el peso de llegar puntual suele recaer sobre el que convoca, ya que es quien organiza el evento. Sin embargo, resulta importante y de buena educación, que los convocados también lleguen a tiempo, para mostrar respeto por el tiempo de los demás. Pero, estamos hablando de un aspecto que es mucho pedir a la gran mayoría de los ecuatoguineanos, tanto que resulta más fácil tocar la punta del iceberg que pedirles que sean puntuales, es decir, que respeten la hora concertada.
A menudo, las sociedades son identificadas por sus hábitos y costumbres; así haciendo un análisis retrospectivo encontramos que los comportamientos de los individuos de una determinada sociedad se configuran según lo que dictan sus normas culturales y/o tradicionales. En el caso de Guinea Ecuatorial, un país multiétnico y por ende, multicultural se puede apreciar un patrón de relaciones basado en la desvalorización del tiempo o la hora, lo que se traduce como una actitud arraigada, pero que define negativamente a los ecuatoguineanos a nivel de las relaciones sociales. Llegar tarde, es decir, después de la hora o incluso, no acudir a la cita demuestra la poca cultura que tienen ciertos ciudadanos con respecto a la hora.
Según la RAE, ser puntual significa tomar el cuidado y la diligencia de llegar a un lugar o partir de él a la hora convenida; hacer las cosas a su debido tiempo, y tener la certidumbre y conveniencia precisa de las cosas, para el fin a que se destinan. Sin embargo, por orden natural, cada sociedad estructura el comportamiento de sus individuos según dictan sus creencias.
En el país se ha instalado como lo muestran las evidencias, una fuerte creencia de que en las relaciones interpersonales, no sirve acudir a una convocatoria o cita en el plazo convenido; una afirmación que se justifica con la frase: “hora guineana”, y para explicar su significado podríamos decir que equivale a “no llegar puntual a una cita o convocatoria”. En nuestra sociedad se está asentado la costumbre de que la gente llegue con horas de retraso a los eventos o en sus compromisos. Por ejemplo: un encuentro convocado a las 9:00 horas, para los ecuatoguineanos supone que el acto dará inicio al menos una o dos horas más tarde. Así, en este caso concreto el acto comenzaría a a las 11:00 horas, y nadie se molesta en acudir antes o durante la hora convenida.
Un entorno donde los individuos no están habituados al respeto de sus compromisos, obviamente transmite una imagen de desorganización y falta de responsabilidad. Lo cual puede afectar la percepción del respeto a la puntualidad como un valor importante, generando descontento en las interacciones sociales. El valor de la puntualidad es necesario en una sociedad integrada por personas con carácter, ordenadas, responsables y eficaces. Pero, también hay que admitir que existe una facción social que respeta estrictamente la hora convenida, y esperamos que la mayoría pueda seguir su ejemplo.
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