Llegar al final de la vida es un proceso muy difícil y doloroso, sobre todo, para los seres queridos del moribundo, pero también lo es para él. Enfrentarse a esta realidad nunca produce mejores sensaciones, dado que, lo único que se nos viene a la mente en este instante son los momentos de amor o de conexión compartidos con esa persona, y muchas veces, no sabemos cómo gestionar esta situación; siempre nos vemos limitados en el sentido de no poder transmitirle paz al que se está despidiendo de este mundo. Cuando nos toca, preferimos evitar la situación y esperar a que todo pase.
En una ponencia de la doctora Margarita Roka en el mes de marzo, se cuestionó si en nuestro país ayudamos a los nuestros a cruzar el más allá, además, dio ciertas pinceladas sobre uno de los pilares de la asistencia sanitaria: los cuidados paliativos, un proceso en el que reducimos el dolor cuando una enfermedad es crónica y ayudamos a morir.
En conversación con este medio, la doctora mencionó cómo en nuestras culturas se evita discutir el tema de la muerte de forma cotidiana y cómo al final de nuestras vidas, vamos dejando un caos total. «Es un tabú como el sexo», señala. Además, destacó que es importante preparar el terreno para que, tanto quien se va como los que se quedan, todo tenga un desenlace tranquilo. «Cuando la persona está fuerte, que todavía no está en este minuto cero, hay que hablar cómo te gustaría que fueran tus momentos últimos, cómo te gustaría que fuera tu defunción, tienen que formar parte de las conversaciones normales», resaltó la doctora, comparando esta realidad con la preparación de una fiesta de 50, 60 o 70 años. «Tenemos que tener capacidad para contar cómo queremos que sea nuestra última fiesta» dijo considerando que nadie conoce el día ni la hora.
Roka Elobo considera que no debería ser en los últimos momentos cuando busquemos solucionar los problemas ni contar nuestras verdades más ocultas. A pesar de que ocurren estos casos, se queda la sensación de no saber si has sido perdonado. «Lo único que hacemos es estresar. Este es el momento del despido, es el momento en el que se debe llevar mucho más afecto y cariño de toda la gente que le quiere y que tiene una palabra que ofrecerle».
¿No quiso que la vieran morir?
Víctor, un hombre de edad avanzada, nos comparte la experiencia dolorosa que tuvo con la partida de su madre en unas fechas tan señaladas como las navidades. «Considero que mi madre fue una cobarde, porque no me permitió acompañarle en su momento final. Estaba agonizando pero ni siquiera nos dio señales. Vino el médico y la vio bien. Me dijo que había que comprar unos medicamentos para ponerla. Me fui dando vueltas por las farmacias de Malabo durante un día entero y no lo conseguí”, explica Víctor.
En aquel momento, según Víctor, era complicado tener un teléfono personal. «Fui al hospital a verla y la dije que me iba a casa. Ella me respondió con una sonrisa a medias: [cuida de los niños], me dijo. A pesar de los años, esta frase resuena en mi cabeza. No sabía que era el final. De camino a casa, un conocido me dio la noticia de su muerte», añade Víctor.
Una despedida a medias
A sus 15 años, la hermana mayor de Esther murió entre sus brazos. Ella estaba enferma y habían recurrido tanto a hospitales como a curanderías en busca de solución. Esther explica que el curandero les había dicho que todo había salido bien, y relata cómo fue aquel día. «Estábamos en casa, era las 12:00 horas de la noche y seguíamos despiertos, porque ella estaba mal». Esther explica que su hermana la hizo pasar primero a su padre en el cuarto donde estaba, luego a una de sus hermanas después y finalmente a ella. «Me senté en la silla y me pidió que pusiera su cabeza sobre mis piernas. Yo tenía miedo. Me dijo que todo estaba bien. Después de un rato empezó a sudar».
Esther continúa explicando que ya tenía sueño, pero se quedó en la habitación con su hermana, hasta que después vino su padre, cogió la cabeza de su hermana y gritó. «No sabía que ella había muerto. Mi padre solo me dijo que saliera de la habitación. Después ya me dio la noticia», explica.
Crea tu «Descanse En Paz»
La incertidumbre de no saber cuándo nos tocará la muerte hace que sea aún más importante evitar dejar asuntos pendientes. Hacer un testamento no significa que estemos anticipando nuestra muerte, sino que buscamos evitar complicaciones futuras. En un contexto donde los conflictos por herencias son comunes, es vital dejar todo bien documentado, además de confiar a alguien tu voluntad.
Los cuidados paliativos: clave en el acompañamiento a un moribundo
En una situación tan delicada como lo es este momento en el que se nos está yendo un familiar querido, y no nos atrevemos a dale la cara; en ocasiones preferimos esperar el final. La doctora enfatiza que la experiencia de la muerte es dura para quien se queda. «Para la persona que se va, hay un miedo previo, pero la sensación de felicidad y paz son mayores. Por eso, la persona que acompaña al moribundo no puede ir ahí para debilitar más ese espíritu, para entristecerle», aclara.
El fin de la vida de un enfermo se le nota en los cambios faciales. A medida que una persona se acerca a la muerte, su apariencia puede cambiar, reflejando la paz interior o la lucha. Estos cambios físicos pueden ser indicativos de que el final está cerca. Sin embargo, hay momentos en los que la cara de un moribundo puede relajarse, mostrando una paz que es reconfortante para los que se quedan. El proceso de morir se convierte en un acto de amor en el silencio de la habitación. Ante la muerte, lo último que se pierde es el oído; por lo que, es importante cuidar las palabras que pronunciamos en los momentos finales, proporcionando a quien se va una serenidad fundamental, para que se marche en calma.
Hablar sobre la muerte, planificar el final de la vida y ofrecer apoyo son fundamentales para encontrar paz en este proceso del que no se excluye nadie. A pesar de ser un tema tabú, este es una parte natural de la vida que merece ser tratado con respeto y amor.
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