El Papa León XIV ha iniciaron su intervención saludando cordialmente a los miembros del Cuerpo Diplomático, autoridades y asistentes, agradeciendo la acogida recibida y las palabras de bienvenida. El Pontífice ha expresado su alegría por visitar al “querido pueblo de Guinea Ecuatorial”, en un momento que ha calificado como significativo para la vida del país.
Durante su discurso, ha evocado las palabras de San Juan Pablo II en su visita al país, reconociendo el papel del jefe de Estado Obiang Nguema Mbasogo como “centro simbólico de las aspiraciones del pueblo hacia un clima social basado en la libertad auténtica, la justicia, el respeto de los derechos humanos y mejores condiciones de vida». Ha subrayado que estas reflexiones siguen plenamente vigentes y constituyen un llamado a la responsabilidad de quienes ejercen funciones públicas.
El Santo Padre también ha citado la constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II, destacando que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los pobres y de cuantos sufren” son también los de los discípulos de Cristo, reafirmando así el compromiso de la Iglesia con las realidades humanas.
Una visita para confirmar la fe y consolar al pueblo
En ese contexto, ha explicado que su visita tiene como propósito “confirmar la fe y consolar al pueblo” de Guinea Ecuatorial, un país que según ha señalado, atraviesa un proceso de transformación acelerada, ha añadido que, al igual que en el corazón de Dios, en el de la Iglesia resuena todo lo que acontece en la vida de los hombres y mujeres.
El Pontífice introdujo además la reflexión de San Agustín sobre las “dos ciudades”: la ciudad de Dios, caracterizada por el amor al prójimo, especialmente a los más pobres, y la ciudad terrenal, marcada por la temporalidad y las decisiones humanas. En este sentido, recordó que cada persona, con sus actos cotidianos, elige a cuál de estas realidades desea pertenecer.
En uno de los momentos centrales de su intervención, el Papa León XIV hizo referencia al proyecto de construcción de la nueva capital del país, señalando que “han querido darle un nombre en el que parece resonar el de la Jerusalén bíblica: ‘Ciudad de la Paz’”. A partir de esta idea, ha invitado a la reflexión colectiva sobre el modelo de sociedad que se desea construir.
Finalmente, ha advertido sobre los riesgos de una “ciudad terrenal” basada en el egoísmo, la ambición de poder y la gloria mundana, frente al ideal cristiano de una sociedad guiada por valores espirituales. Ha recordado que los creyentes están llamados a vivir en el mundo, pero con la mirada puesta en la “ciudad celestial”, su verdadera patria, evocando el ejemplo de Abraham como modelo de fe y esperanza.
El mensaje ha concluido con una reflexión sobre la condición humana, subrayando que la vida en la tierra es un tránsito, lo que invita a orientar las acciones hacia valores trascendentes y duraderos.









