Uno de los aspectos más destacados de la nueva configuración es la reducción del tamaño del Ejecutivo. Mientras que el Gobierno saliente contaba con 24 departamentos ministeriales, la nueva estructura queda integrada por 19 ministerios, además de la Presidencia del Gobierno y la Tesorería General y Patrimonio del Estado. La medida supone una disminución de cinco carteras ministeriales y refleja una apuesta por una administración más compacta y centralizada.
Las modificaciones más significativas se concentran en la fusión de varios departamentos que hasta ahora operaban de manera independiente.
Entre ellas destaca la desaparición del Ministerio de Turismo e Infraestructuras Turísticas como cartera autónoma. Sus competencias pasan a integrarse en el nuevo Ministerio de Información, Prensa, Cultura y Turismo, una estructura que agrupa la comunicación institucional, la promoción cultural y el desarrollo turístico bajo una misma dirección política.
También desaparece el Ministerio de Electricidad y Energías Renovables, que queda absorbido por el nuevo Ministerio de Hidrocarburos, Minas y Electricidad. Con esta decisión, el Gobierno concentra en un solo departamento la gestión de los recursos energéticos y extractivos del país, reforzando la coordinación de uno de los sectores más importantes para la economía nacional.
Otra de las reformas más relevantes afecta al transporte y las comunicaciones. El hasta ahora Ministerio de Aviación Civil e Infraestructuras Aeroportuarias deja de existir como departamento independiente y sus competencias pasan a integrarse en el nuevo Ministerio de Transporte, Telecomunicaciones y Aviación Civil. Esta fusión reúne bajo una misma estructura la gestión de las infraestructuras de transporte terrestre, marítimo y aéreo, así como el desarrollo de las telecomunicaciones y la conectividad nacional.
La reorganización también fortalece el papel de algunas carteras mediante la ampliación de sus competencias. Es el caso del Ministerio de Economía, Comercio, Industria y Promoción de Inversiones, que concentra áreas fundamentales para la diversificación económica y la atracción de capitales, así como del Ministerio de Hacienda, Presupuesto y Planificación Nacional, que mantiene un papel central en la gestión financiera y la planificación del desarrollo del país.
En el ámbito social y educativo, el nuevo Ministerio de Educación, Ciencia, Juventud y Deportes integra sectores tradicionalmente gestionados por distintas estructuras administrativas, mientras que se mantienen departamentos especializados como Sanidad e Infraestructuras Sanitarias, Igualdad de Género y Asuntos Sociales, y Trabajo y Formación Profesional.
La nueva estructura conserva igualmente ministerios considerados estratégicos para la estabilidad institucional y la seguridad nacional, entre ellos Seguridad Nacional, Defensa Nacional, Interior y Administración Territorial, Asuntos Exteriores, Justicia y Función Pública.
Por otra parte, la nueva estructura desvincula el ministerio de Medio Ambiente y Economía Azul con el ministerio de Agricultura y Bosques. Con esta reorganización, el Gobierno apuesta por la concentración de competencias en departamentos más amplios, la reducción de duplicidades administrativas y una mayor coordinación entre sectores afines. La efectividad de este nuevo modelo dependerá ahora de la composición del próximo Ejecutivo y de la capacidad de los nuevos departamentos para responder a los retos económicos, sociales y de gobernanza que enfrenta el país.
La nueva arquitectura ministerial marca así el inicio de una nueva etapa en la administración pública de Guinea Ecuatorial, caracterizada por una estructura más reducida, una redistribución de competencias y un enfoque orientado hacia la eficiencia institucional.







