Malabo acoge estos días uno de los espacios de mayor relevancia política y social de la cumbre, el Foro de Mujeres, bajo el lema “Mujeres en los sistemas agroalimentarios, resiliencia climática y desarrollo sostenible”. Durante la apertura, el representante de la Directora Ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas, Sasha Bodiroza, ha transmitido un mensaje en nombre de Diane Kieta, destacando la urgencia de integrar la igualdad de género en las respuestas globales frente al cambio climático y la inseguridad alimentaria.
El representante ha agradecido al Gobierno de Guinea Ecuatorial por acoger el encuentro y ha subrayado que el mundo atraviesa un momento decisivo, marcado por la convergencia de dos crisis profundas: el cambio climático y la fragilidad de los sistemas agroalimentarios. Según ha indicado, ambos fenómenos están estrechamente vinculados y agravan las desigualdades existentes, impactando especialmente en mujeres y niñas.
En su intervención, ha insistido en que los objetivos de la Agenda 2030 no podrán alcanzarse sin colocar el empoderamiento femenino en el núcleo de las políticas económicas, climáticas y alimentarias. “No reduciremos el hambre, la pobreza ni el riesgo climático sin reconocer a las mujeres como agentes clave de transformación social, económica y ambiental”, ha afirmado.
El discurso puso ejemplos concretos de los efectos del cambio climático en pequeños estados insulares en desarrollo como Fiji, Vanuatu y Kiribati, donde el aumento del nivel del mar contamina las fuentes de agua dulce y obliga a mujeres y niñas a recorrer mayores distancias para acceder a agua potable. Asimismo, fenómenos extremos como ciclones e inundaciones destruyen cultivos, provocan desplazamientos forzados y limitan el acceso a servicios básicos, incluyendo la salud.
Entre las principales consecuencias señaladas, destacan el incremento de riesgos en la salud materna y neonatal asociados al aumento de temperaturas y la falta de atención sanitaria, la interrupción de los servicios de salud sexual y reproductiva debido a crisis y desastres, y el aumento de la violencia de género, incluida la explotación y el matrimonio infantil en contextos de vulnerabilidad.
El foro también ha alertado sobre la escasa financiación destinada a integrar la perspectiva de género en las políticas climáticas. Actualmente, menos del 0,01 % de los fondos climáticos globales se orientan específicamente a la igualdad de género, y solo un 2 % de la financiación para la adaptación contempla este enfoque, lo que evidencia una brecha crítica en la respuesta internacional.
En este sentido, los participantes coincidieron en la necesidad de impulsar reformas estructurales que incluyan sistemas de salud resilientes al clima, garantizar la continuidad de los servicios esenciales en situaciones de crisis, fortalecer los mecanismos de protección social e incorporar datos que permitan identificar mejor a las poblaciones más vulnerables.
El foro ha destacado además el potencial transformador de los sistemas agroalimentarios, donde las mujeres desempeñan un papel central como productoras, procesadoras y emprendedoras. Sin embargo, las desigualdades en el acceso a recursos como la tierra, la financiación, la tecnología y los mercados siguen limitando su contribución al desarrollo económico.
Cerrar estas brechas, han concluido los expertos, no solo responde a una cuestión de justicia social, sino que representa una estrategia económica clave, ya que podría incrementar significativamente la productividad y aportar hasta un billón de dólares al PIB mundial.









