En abril de 2025, la administración Trump impuso un conjunto de aranceles recíprocos a decenas de países, alegando la necesidad de corregir los desequilibrios comerciales que —según la Casa Blanca— afectan la seguridad económica y nacional de Estados Unidos. Entre los países alcanzados por la medida aparece Guinea Ecuatorial, que ahora enfrenta un arancel adicional del 13% sobre sus exportaciones hacia el mercado estadounidense. Aunque esta relación bilateral representa apenas una fracción del comercio internacional de ambos países, la decisión podría tener implicaciones económicas y simbólicas que merecen ser analizadas.
La ecuación detrás del arancel
Para justificar esta política, la administración estadounidense presentó una fórmula que mide el “desequilibrio” comercial entre EE.UU. y cada país.
Donde: xi son las exportaciones de EE.UU. al país, las importaciones desde ese país, ε mide cómo reaccionan los consumidores a los precios (elasticidad) y φ es un factor de ajuste… y es ahí donde está el detalle.
El petróleo en el centro de la relación
Guinea Ecuatorial exporta a EE.UU. principalmente productos energéticos como petróleo, gas licuado y derivados. En 2024, estas ventas alcanzaron 127,6 millones USD según datos de OEC World, con el nuevo arancel y aplicando una elasticidad estándar (-1.5), se estima que esas exportaciones podrían reducirse en casi un 20%, lo que supone una pérdida esperada de 24,88 millones USD.
Otro efecto importante es que teniendo en cuenta que, en 2023, Guinea Ecuatorial registró un superávit comercial de 2.100 millones USD, con exportaciones totales por 5.800 millones USD (fuente: datosmacro.expansion.com). Una caída de 25 millones, aunque supone un coste de oportunidad elevado para políticas sociales, no colapsa la economía, pero el mensaje es claro: incluso actores comerciales menores podemosser penalizados por decisiones políticas de gran escala.La Casa Blanca habla de «reciprocidad», pero lo que vemos es un uso estratégico del comercio para imponer condiciones. Aplicar la misma lógica a todos por igual no siempre es sinónimo de m justicia, en este caso, la fórmula técnica puede estar siendo usada como una m herramienta de presión estructural.
¿Cómo debe responder Guinea Ecuatorial?
La respuesta en ningún caso debe ser confrontaciones, sino estratégica. Deberíamos acelerar nuestra integración en el AfCFTA (Área de Libre Comercio Africana) para ampliar nuestra base exportadora regional, y abrir canales hacia mercados menos restrictivos como Asia y América Latina, una conclusión similar presentad en el artículo “Más Allá De Las Fronteras: Guinea Ecuatorial Y El Desafío De La Integración Económica”. Si conseguimos diversificar la economía más allá del petróleo no solo supondría cumplir con una meta de desarrollo de nuestra sociedad, sino también nos permitirá resistir shocks externos y decisiones unilaterales como esta.
En resumen, el arancel del 13% impuesto por Estados Unidos a Guinea Ecuatorial se presenta, en apariencia, como una medida de justicia comercial, sustentada en una fórmula técnica que mide los desequilibrios bilaterales. Sin embargo, al analizar cómo se ajustan discrecionalmente los parámetros dentro de esa fórmula —particularmente el factor de corrección política — y considerando la limitada relación comercial entre ambos países, queda claro que el objetivo va más allá del balance de cuentas.
Se trata, en realidad, de un castigo estratégico, simbólico pero potente, que busca enviar un mensaje a socios comerciales considerados “asimétricos”, sin distinguir entre grandes potencias y economías en desarrollo.
La medida, aunque de impacto económico limitado, expone a Guinea Ecuatorial a un nuevo tipo de vulnerabilidad: la de ser percibida como débil o prescindible dentro de un sistema comercial cada vez más politizado. Frente a ello, la única salida sostenible es la anticipación: diversificar mercados, reducir dependencias y ganar voz en los espacios multilaterales donde se definen las nuevas reglas del juego.