Un nuevo dispositivo llamado Soundball está transformando la manera en que los jóvenes ciegos de Kenia aprenden a jugar al fútbol. Estas «bolas sonoras» son producidas en un taller de Nairobi, gracias al esfuerzo de la organización sin ánimo de lucro Alive and Kicking. Su fundador, Martin Bernard, considera que es importante seguir haciendo del fútbol un deporte inclusivo para todos. «Cada persona tiene derecho a jugar, independientemente de su capacidad visual», afirma Bernard.
El proceso de fabricación de estas pelotas es riguroso; las mismas cumplen con seis de las siete pruebas de calidad establecidas por la FIFA, aunque presentan limitaciones en la absorción de agua. Bernard explica que, aunque son balones estándar, están equipados con seis dispositivos metálicos que producen sonido al rodar, permitiendo que los jugadores puedan localizarlos fácilmente.
Henry Wanyoike, un destacado atleta paralímpico, apoya fervientemente esta iniciativa. Tras perder la vista a causa de un derrame cerebral en 1995, ha acumulado múltiples medallas en competencias paralímpicas. Wanyoike sostiene que la inclusión en el deporte es esencial y que innovaciones como el Soundball son cruciales para que los jóvenes no se queden atrás. «Este balón simboliza esperanza y nos permite tener más representación en los Juegos Paralímpicos», comenta.
La dependencia de un guía durante las competiciones puede ser un reto significativo para los atletas ciegos. Wanyoike recuerda una experiencia en los Juegos Olímpicos de Sídney, donde tuvo que cambiar de guía en el último momento, lo que casi le cuesta la medalla de oro.
Los estudiantes de la Escuela para Ciegos de Thika ya están disfrutando de las ventajas que ofrece el Soundball, lo que marca un avance significativo hacia un deporte más inclusivo y accesible.
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